Quiero a mi patria donde nací,
la bandera que con orgullo
desde un mástil flamear ví,
nuestro himno nacional cantamos
y las fibras de mi cuerpo tocaron.
Admiración apasionada
en el fondo del alma llevada
con tanto amor y cariño
como se quiere lo más amado,
como quiere la madre al niño.
Fueron diferencias fomentadas
por magnánimos en las sombras
por bocas sin caras ni nombres
que en cada patria marcaron
egoísmo y mediocridad.
Y les pregunto hipócritas señores
¿Quiénes cambian lo dicho y hecho?
con insidia por intereses creados
daño hace tocarles la memoria,
pero tengo fé que cambiará la historia.
Llevo en lo profundo del alma
un sueño que me acompaña cada día,
una obsesión latente que no se olvida,
una esperanza que nos llena de alegría
y vigoriza lo que me resta de vida.
Son los sueños de Bolívar y Martí
y de miles que su lucha y sueños
fuera una América Morena unida,
y toma su rumbo esta odisea
donde naciera en Venezuela.
Nuestros pueblos de América Morena
con decoro admirable se rebelan.
Los explotados una vez más de pie
enfrentan hipócritas democracias
con energía y experiencia ya vividas.
Nos gobiernan con mentiras y engaños,
imponen leyes amparando criminales,
firman acuerdos y tratados secretos
que aderezan asesinos y usurpadores,
arrasan y corrompen cuanto les rodea.
América, América Morena, una sola,
un sueño irrealizable pareciera,
pero mientras sus pueblos estén unidos,
su gente, valerosa compañera y consecuente,
habrá futuro para nuestro continente.
Y al amanecer un día, un despertar
libre y soberano nos espera,
vivir en armonía e igualdad sin enemigos,
con toda esa riqueza enorme compartida
cambiarán realmente nuestros destinos.